Comprender quién fue Fulton Sheen implica entender cómo la fe, el intelecto y los medios modernos se unieron al servicio de la misión de la Iglesia, un enfoque que sigue inspirando hoy la labor de las Obras Misionales Pontificias.
Sheen destacó académicamente desde muy joven. Tras estudiar en el St. Viator’s College, ingresó en el seminario y fue ordenado sacerdote en 1919. Su formación intelectual continuó en la Catholic University of America y más tarde en la Universidad de Lovaina, en Bélgica, donde obtuvo un doctorado en filosofía con la máxima distinción. Esta sólida base marcaría posteriormente su fe y su predicación, uniendo rigor intelectual y claridad pastoral.
Su vida episcopal estuvo marcada por una disciplina profunda —especialmente su compromiso de por vida con la Hora Santa diaria— y por una dedicación intensa al servicio tanto de la Iglesia en Estados Unidos como de la misión evangelizadora universal.
Fulton Sheen es conocido sobre todo como evangelizador televisivo y como uno de los primeros y más eficaces pioneros de los medios de comunicación católicos. Comenzó en la radio en la década de 1930, conduciendo The Catholic Hour durante dos décadas y alcanzando a millones de oyentes en todo Estados Unidos.
Su mayor impacto cultural llegó con la televisión. En 1952 lanzó Life Is Worth Living, un programa semanal que llegó a reunir audiencias de hasta 30 millones de espectadores en su momento de mayor éxito. Sin guion, sin notas y con una simple pizarra, Sheen hablaba sobre la fe, la moral, el sufrimiento y el sentido de la vida con un lenguaje accesible tanto para creyentes como para no creyentes.
En una época en la que la programación religiosa se consideraba arriesgada, Sheen demostró que un contenido católico serio y reflexivo podía prosperar en los medios de masas. Su trabajo redefinió la evangelización católica en el siglo XX y sentó las bases de la forma en que la Iglesia se relaciona hoy con los medios.
Cabe destacar que Sheen donó millones de dólares de sus propios ingresos —especialmente procedentes de la televisión— para sostener las misiones. Su labor encarnó una visión de la evangelización que unía el anuncio del Evangelio con el cuidado concreto de los pobres, una visión que sigue siendo central para las Obras Misionales Pontificias en la actualidad.
Sheen participó activamente en el Concilio Vaticano II (1962–1965), contribuyendo especialmente a los debates sobre la actividad misionera, la formación sacerdotal y la relación de la Iglesia con el mundo moderno. Apoyó firmemente la llamada del Concilio a una Iglesia misionera por naturaleza y abierta al diálogo sin renunciar a la verdad.
Sus intervenciones subrayaron la creatividad en la evangelización, la importancia de la experiencia pastoral en la formación de los seminaristas y la responsabilidad universal de la Iglesia de anunciar a Cristo. Estas ideas reflejan la influencia de Fulton Sheen en el catolicismo contemporáneo, especialmente en la comprensión de la misión, los medios y el diálogo con la cultura.
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