San Kizito, el más joven de los mártires de Uganda, murió por su fe a los catorce años. Fue un muchacho excepcional en todo sentido: inteligente, agudo y brillante; comprometido con su trabajo; siempre alegre, amistoso y amable. Era rápido para cumplir sus tareas y tenía talento para los deportes, especialmente la natación y la lucha. También poseía un gran don para la música, en particular para tocar el xilófono. Sereno, orante y lleno de alegría, mostró una resistencia extraordinaria, alentando y fortaleciendo a sus compañeros mártires incluso ante la muerte. Hoy es honrado como patrono de los niños, especialmente de aquellos menores de quince años.
En Uganda, la Asociación de la Infancia Misionera (AIM / MCA por sus siglas en inglés) está bajo el patrocinio de san Kizito, quien sirve como modelo de fe para los niños católicos. Su ejemplo ha inspirado un profundo sentido de identidad católica y un fuerte celo misionero entre los pequeños del país. Inspirados por su valentía, no temen profesar su fe y vivirla con alegría en su vida cotidiana.
En diócesis, escuelas, parroquias y comunidades, los niños de la Asociación de la Infancia Misionera participan en diversas actividades que reflejan su triple misión: rezar por otros niños, ayudarlos y evangelizarlos.
Estas actividades incluyen la participación en la vida parroquial: cantar en el coro, servir en la Misa, proclamar las lecturas y acoger a los feligreses. También organizan obras de caridad, visitando escuelas y comunidades más necesitadas. En el espíritu de Laudato Si’, promueven el cuidado del medioambiente y crean espacios seguros que favorecen el bienestar de todos los niños. A través de actividades deportivas —entre escuelas y parroquias— fomentan la amistad, la unidad y la colaboración.
El objetivo de todas estas actividades es animar a los niños a compartir tanto su fe como sus bienes materiales, especialmente con aquellos que tienen menos. Los tres pilares que guían la Infancia Misionera son: amar, cuidar y compartir.
La participación de los niños en los programas de la AIM ha fortalecido la colaboración entre padres, docentes y cuidadores, ayudándolos a cumplir su responsabilidad como guías pastorales y testigos de la fe. Los niños, a su vez, se han convertido en verdaderos apóstoles: luces brillantes en sus comunidades.
Su mayor inspiración sigue siendo san Kizito, el joven santo cuya fe y valentía continúan guiando hoy a los pequeños misioneros de Uganda.
*La autora es Directora de la Asociación de la Infancia Misionera en Uganda.
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